Hay términos médicos que escuchamos con cierta frecuencia, pero cuyo significado no siempre conocemos. “Aneurisma” es uno de ellos. Puede aparecer en una noticia, en una consulta médica o al hablar de la salud de algún familiar, y suele generar preocupación. Sin embargo, entender qué es, por qué se produce y cuáles son sus señales de alerta ayuda a actuar con mayor rapidez y responsabilidad.
¿Qué es un aneurisma?
Un aneurisma es una zona debilitada de la pared de un vaso sanguíneo que comienza a ensancharse de forma anormal. Para imaginarlo, podemos pensar en una manguera que, debido a la presión, empieza a formar una especie de abultamiento en un punto concreto. Algo similar ocurre en una arteria cuando una parte de su pared pierde resistencia.
Puede aparecer en distintas zonas del cuerpo. Los más conocidos son los aneurismas cerebrales y los de la aorta, la arteria principal que sale del corazón y distribuye la sangre al resto del organismo.
No todos los aneurismas son iguales. Algunos son pequeños, no provocan molestias y permanecen estables durante mucho tiempo. Otros pueden crecer y aumentar el riesgo de que la pared del vaso se rompa. Por eso, cuando se detecta uno, es importante que un profesional valore su tamaño, ubicación y evolución.
¿Por qué se forma?
Un aneurisma puede aparecer por diferentes motivos. En algunos casos, la pared de la arteria se debilita con el paso del tiempo; en otros, influyen enfermedades, lesiones o factores hereditarios.
Entre los principales factores de riesgo se encuentran la hipertensión arterial, el tabaquismo, la edad, los antecedentes familiares y algunas enfermedades que afectan al tejido conectivo. También pueden influir ciertas alteraciones de los vasos sanguíneos o traumatismos.
La presión arterial alta merece especial atención. Cuando permanece elevada durante años, obliga a las arterias a soportar una tensión constante, lo que puede favorecer su debilitamiento. Por esta razón, controlar la presión y evitar el tabaco son dos medidas esenciales para cuidar la salud cardiovascular.
Aun así, es posible desarrollar un aneurisma sin tener un factor de riesgo claramente identificado.
¿Qué síntomas puede causar?
Una de las dificultades de los aneurismas es que muchas veces no producen síntomas. Algunas personas descubren que tienen uno durante una prueba médica solicitada por otro motivo.
Cuando aparecen molestias, estas dependen de la zona afectada y del tamaño del aneurisma. Un aneurisma cerebral que todavía no se ha roto puede no causar ninguna señal. Sin embargo, si aumenta y presiona estructuras cercanas, puede provocar dolor alrededor de un ojo, visión doble, cambios en la visión o alteraciones en el movimiento ocular.
En el caso de un aneurisma de la aorta, algunas personas pueden notar dolor persistente en el pecho, la espalda o el abdomen. No obstante, estos síntomas también pueden deberse a otros problemas, por lo que no permiten confirmar el diagnóstico por sí solos.
La única forma de saber si existe un aneurisma es mediante una evaluación médica y las pruebas de imagen que el profesional considere necesarias.
Señales de alarma: cuándo acudir a urgencias
La rotura de un aneurisma es una emergencia médica porque puede causar una hemorragia grave. En ese momento, actuar rápido es fundamental.
Cuando se rompe un aneurisma cerebral, uno de los síntomas más característicos es un dolor de cabeza repentino y muy intenso, que aparece de forma brusca y alcanza rápidamente su máxima intensidad. Puede acompañarse de vómitos, rigidez en el cuello, confusión, convulsiones, pérdida del conocimiento o dificultad para hablar y moverse.
La rotura de un aneurisma de la aorta puede causar un dolor súbito y fuerte en el pecho, el abdomen o la espalda. También pueden aparecer mareos, desmayo, sudor frío, debilidad intensa o signos de shock.
Ante cualquiera de estas señales, hay que llamar inmediatamente a los servicios de emergencia. No conviene esperar a que el dolor desaparezca ni intentar resolver la situación en casa.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico depende de la zona en la que se sospecha la presencia del aneurisma. Para observar los vasos sanguíneos, los médicos pueden recurrir a distintas pruebas, como la ecografía, la tomografía computarizada, la resonancia magnética o la angiografía.
En ocasiones, el aneurisma aparece de manera inesperada durante una exploración realizada por otro motivo. En otras, se solicitan estudios porque la persona presenta síntomas, tiene antecedentes familiares o reúne varios factores de riesgo.
Detectarlo antes de que se rompa permite valorar con más calma si es suficiente realizar controles periódicos o si conviene aplicar algún tratamiento.
¿Se puede prevenir?
No todos los aneurismas pueden evitarse, sobre todo cuando existe una predisposición genética. Sin embargo, sí es posible reducir algunos riesgos relacionados con la salud de las arterias.
Para ello, es recomendable controlar la presión arterial, no fumar, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física adaptada a las condiciones de cada persona y acudir a revisiones médicas.
También es importante comunicar al médico si existen antecedentes familiares de aneurismas, especialmente si varios familiares han tenido este problema o si se presentó a una edad temprana. En esas situaciones, puede ser necesario realizar controles específicos.
¿Qué tratamientos existen?
El tratamiento se decide de forma individual. Se tienen en cuenta el tamaño del aneurisma, su ubicación, si está creciendo y el riesgo estimado de rotura.
Algunos aneurismas pequeños pueden vigilarse mediante pruebas periódicas. Si el riesgo es mayor, el especialista puede recomendar una intervención quirúrgica o un procedimiento endovascular, en el que se utilizan instrumentos que llegan hasta el vaso sanguíneo para tratar la zona afectada.
Cuando el aneurisma se rompe, la atención debe ser inmediata y hospitalaria. El objetivo es controlar la hemorragia, estabilizar al paciente y reducir la posibilidad de complicaciones.
En definitiva, un aneurisma puede permanecer oculto durante años, pero también puede convertirse en una situación grave si aumenta o se rompe. Conocer los factores de riesgo, prestar atención a los síntomas y buscar ayuda urgente ante un dolor repentino e intenso son medidas que pueden marcar una diferencia importante.